Llanto color amapola

La naturaleza muestra miles de encantos, de formas y estructuras. Miles de hermosas pinturas sobre el lienzo de la Madre Tierra. Pero cada una de estas pinturas ha sido dibujada por sus propios integrantes con crueles pinceles, durante un proceso de evolución competitiva cuya brutalidad ha perfeccionado las formas del cuadro.

Y los humanos, con todas sus consecuencias, hemos sido los mejores pintores.

Una de nuestras composiciones empieza con el nacimiento de una foca pía, con su manta de blanco pelo ocultándola de la aurora, en un campo de nieve que se mantiene a duras penas sobre las aguas cada vez más cálidas del océano Ártico.

Blanco eterno

Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.
Una bóveda de luces,
maravillas que relucen
sobre el nevado terreno.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

Mil colores y mil formas;
mil sonidos; mil aromas.
Todo nuevo, todo viejo,
ante dos ojos que admiran
con primerizo sosiego.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

Dos ventanas que se abren
hacia lo desconocido,
y una voz que las atrae
con cariñoso tañido.
Una mirada más sabia,
más adulta, más anciana:
unos ojos más despiertos.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

El viento no da descanso
con sus caricias de hielo.
Cría y madre, sin embargo,
ignoran su descontento.
Dos brunas perlas llorosas
perdidas en dos espejos:
dos tristes vistas acuosas
ante su propio reflejo.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

Sopla que resopla el viento
bajo el rostro de la aurora,
con su frente verde y roja.
Brama que brama el soplido
del corazón intranquilo
que late sobre las olas.

···

En otro hogar, mientras tanto,
irrumpe de un bebé el llanto.
Se ha protegido del frío
con gorro de piel teñido
como la aurora en el cielo.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

Con gorro de piel teñido
llora entre mantas de pelo.
Abre la puerta un destello:
rifle de metal bruñido
que ha de proteger al niño
de los dardos del invierno.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

···

Y el viento aumenta su enfado,
mas las dos focas son sordas,
sus miradas contemplando
cada una de la otra:
dos luceros afectivos,
dos lágrimas del destino
para este aciago febrero.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

Sopla que resopla el viento
sobre las nevadas lomas,
peinando sus blancas formas.
Grita que grita su aviso
con sus furiosos latidos,
espinas de níveas rosas.

De pronto se escucha un trueno.
Verde y rojo, rojo fuego.
Y un llanto escarlata brota
sobre la cuna de hielo,
llanto de un bebé que llora,
llanto que repite el viento;
llanto color amapola
en el nevado desierto.
Verde, gris, azul y negro;
rojo y blanco, blanco eterno.

creativeCommons

Pablo Fernández de Salas

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