Ríe a mis pies la purpurina verde
de la mano de un aire veraniego.
Pendiente abajo encuentra mi sosiego
la actividad que esa otra gente pierde.
En fragmentos estelares se vierten
las partículas que alegran su juego,
chispas que saltan en líquido fuego
tensando el agua donde se divierten.
Más allá regresa al bosque la calma
y el idílico paisaje se queda
entre altos dedos y extendida palma
cual rocío en verano y su vereda,
como la niebla que condensa un alma
que al mundo pide vacar cuanto pueda.
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Pablo Fernández de Salas
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