En tu mano tienes la llave
y ni siquiera lo sospechas,
en tu mano siempre dispuesta.
Cuando el mundo se hace pequeño,
cuando tu horizonte se cierra,
cuando de ella menos te acuerdas.
En tu mano siempre ha servido,
cada mañana, cada tarde,
cada vez que la puerta se abre.
Los clavos con cuerdas que imantan
tu cerebro, tu piel, tu alma,
y la dejan pegada al suelo.
La calima que te remata,
darteando todas las tramas
que podrían salvarte el cuello.
En tu mano, fría y caliente,
siempre esperándote la llave,
sólida pese a la corriente.
En tu mano, fuerte y segura,
a la vista, siempre presente,
e invisible, su sombra muda
¡ay, cuando más se la requiere!
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Pablo Fernández de Salas
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