Los copos

 

Los copos, somos los copos.
Cenizas de olvido llevadas por el tiempo.
Tiempo que ruge su arrítmico pasar
al anochecer,
en su oscuridad,
y en los grises retales de alboradas que encapotan los días.
Estos días sin tregua.
Estos días de desilusiones cortantes.
Estos días sin principio, pero que antes no estaban.
Estos días ciegos a la inmadurez.

Los copos, somos los copos.
Flotando por encima de un sangrante horizonte,
cayendo en el vacío de la gravedad,
desviados por un tiempo que su capricho ruge
en su arrítmico pasar.

¡Ay, los copos!
Únicos, bellos y brillantes.
A solas o en revoltosas avalanchas.
Fríos en sus cuerpos de diamante,
pero tan frágiles, frágiles, frágiles…

Los copos, solo los copos.
Ni la pluma que escribiera el pasado;
ni el destino que iniciara los hechos;
ni estos días, que tan solo nos llevan;
ni quien dicta los arranques del tiempo.

Los copos. ¡Solo los copos!

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Pablo Fernández de Salas

 

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