Vientos del pueblo

Vientos del pueblo se agitan
cuando acecha la tormenta.
Vientos que claman justicia
y en el pueblo reverberan.

Vientos de arena caliza
y de aromas de una tierra
que se siente perseguida
por el león y la hiena.

Unos vientos que ahora gruñen
y que muestran frías zarpas,
en largo invierno afiladas
y que por sí solas rugen.

Unos vientos que reclaman
menos parodia y más llanto,
más humanidad, quebranto,
y menos llenar las arcas
a base de payasadas,
falsas promesas y engaños.

Son vientos de muchas voces
y que no entienden de idiomas;
hablan euskera en el norte
y con acento en Cazorla,
pero entre ellos se entienden
como una bruja a su escoba,
como un soldado al teniente,
como una a otra persona.

Son vientos cuya frialdad
nace de las propias almas,
turba que se ha de azotar
para que surjan las ascuas,
pero si se atiza mal
difícilmente se calma.

Escuchen los mandamases
y a quien convenga estos vientos,
los murmullos y sus ecos,
la canción y sus compases.

Presten atención al aire
y a sus constantes sonidos,
que aunque parezca tranquilo
y sus veleros al paire,
si se agita, sopla el viento
y puede barrer las lomas,
arrancar lirios y rosas…
La única voz es del viento.

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Pablo Fernández de Salas

 

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