Los parámetros de la resaca

 

Abre la puerta a los sonidos
que empañan la mirada ausente;
cualquier cosa es un sinsentido
para mi adormilada mente:
pensar no puede.

El recuerdo se filtra en gotas
que a ritmo lento se desprenden.
Poco a poco nacen y engordan;
se inflan, brillan y se mecen.
Caen… Y mueren.

Aroma a un café matutino,
el portátil, unos papeles.
Las llaves, el despacho, ruidos.
Ecuaciones, risas y gente.
Cerveza fuerte.

El trabajo embota su juicio,
la resaca asalta mi mente.
Burbujas de alcohol impreciso
que enturbian un bosquejo en ciernes.
Dolor latente.

La memoria es un laberinto
que se expande salvaje y crece.
Mil espinas, verjas con pinchos
y bocas que aferran sus dientes.
Y luego muerden.

Números que en la cama yacen,
botellín cuyo vapor duele.
Mi cerebro la escena barre
y tras la puerta el polvo extiende.
Cierra… Y duerme.

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Pablo Fernández de Salas

 

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