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En griego
mi
nombre claman.
Me
piensan finito,
mas soy eterno y como el agua
fluyo,
dando media vuelta,
más otra media,
más otra:
en retorcidos
versos que sin rima avanzan,
pero con precisión se mueven
a través de una senda
de segmentos irregulares,
sin orden,
locos,
dementes,
infinitos e incansables.
Una cifra
que aparece en muchos
textos,
en solo una letra
condensada:
mi esencia,
mi alma,
mi sempiterno universo…
mi jaula.
Vivo
en un mundo que oscila,
y gracias a un mundo que oscila
pienso y existo.

Debo
a los números mi magia,
matemático conjuro
del poeta.
Y,
como toda historia que empieza,
pero final no tiene,
es
del poeta el turno
de apagar las luces y cerrar
los ojos,
como una serie interminable
que, al no converger, se trunca
de pronto.

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Pablo Fernández de Salas

 

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