Skogskyrkogården

 

El aire frío proyecta su calma
sobre las tumbas, mientras el azul
de las nubes se apaga.
Al fondo, una cruz
solitaria destaca entre las lápidas,
pliegos para los poemas de roca
que resumen las vidas
de los que aquí reposan.
En el silencioso bosque esparcidas,
mudas, estas tristes páginas brotan.
Mas hoy se las recuerda
tras doce meses de olvido. Las cuatro
marca el reloj y surgen las estrellas,
pequeñas llamas que nacen temblando,
confusas; tímidos astros de cera.
Al caer la noche la gente acude
llamada por las velas;
sombras que vagan, como lentas nubes,
temiendo entrecruzarse con aquellas
que gritan sin que nadie las escuche.
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Pablo Fernández de Salas

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