Solemos pensar que hacemos lo que nos apetece, que dedicamos nuestro tiempo a actividades que hemos elegido nosotros; actividades que quizá nos identifiquen como individuos; actividades que no siguen los patrones de la sociedad y que realizamos sin influencias externas. Pero ¿qué haríamos si de verdad nos viéramos, como dicta el patrón, en esa famosa isla desierta? ¿Qué haríamos si pudiéramos elegir no un objeto, ni dos, ni una persona, ni tres, sino toda una sociedad para llevarnos con nosotros a ese espacio aislado y remoto? Probablemente siguiéramos aspirando a obtener cierto tipo de reconocimiento, y es difícil no pensar en un reconocimiento sin incluir los valores que nos ha inculcado la misma sociedad en la que vivimos.
Allá van mis celos
Allá van mis celos por la acera blanca,
mira, que allá van ellos por la calzada;
la perfección de la nieve en su espejante traje,
mil reflejos de un yo que duele al mirarse.
«¿Dónde vais?» les digo. «Donde va la gente».
Y mi ego herido en el cristal se pierde.
¿Por qué si yo a mí solo quererme quiero
debo dejar de querer que me quieran primero?
Un poco de azul en el cielo se muestra,
pero amenazan las nubes:
multitud de yoes en perpetua guerra.
Los yos que te buscan, a ti y a tus medallas;
los yos que se mueren entre la batalla;
los yos que ahora dudan, cuando no dudaban;
los yos que se aíslan y no piden nada.
Reflejos al fin del día
en lo opaco de mis yoes.
La persiana del mundo llegando a la cornisa.
Antes de que caiga. Deprisa. ¡Deprisa!
Pero mi yo derrapando se detiene
y, al borde del abismo —deprisa, ¡deprisa!—,
a sus reflejos nacarados de muerte
con miedo mira y les grita.
Inútil. Poco ha cambiado.
Uno sobre el otro se entierran mis celos.
Y tú, ¿me quieres? Yo no sé si me quiero.
Pero me quieras o no, acompaña a mis yoes,
pues bajo esta nevada de silenciosa muerte
yo sé que quererme quiero.
Y con el ardor de esta pálida calma,
ya pasada la tormenta,
a mí, desnudo, me veo.
Sobre mis yoes vencidos.
Sobre mi vencido ego.
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Pablo Fernández de Salas
Cuánto cuesta ser auténtico en esta sociedad que cada vez trata de despersonalizarnos más y más. Buen poema, Pablo. Abrazos
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Muchas gracias, Lucía. Abrazos.
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