La llave

Qué fácil es encontrar la junta de dos piezas una vez están encajadas. Qué difícil es sumar las consecuencias de dos obviedades ofuscadas. Qué fácil es caer en la niebla del presente, perder de vista nuestras propias manos, resbalar con el remolino traicionero de la pendiente. Qué difícil es reflexionar sobre lo ocurrido, volver al pasado, y ver que la tienes. Que siempre la has tenido. Que nunca estuvo ausente. Qué fácil olvidar lo aprendido. Qué difícil recordarla en el presente.

La llave

En tu mano tienes la llave
y ni siquiera lo sospechas,
en tu mano siempre dispuesta.
Cuando el mundo se hace pequeño,
cuando tu horizonte se cierra,
cuando de ella menos te acuerdas.
En tu mano siempre ha servido,
cada mañana, cada tarde,
cada vez que la puerta se abre.
Los clavos con cuerdas que imantan
tu cerebro, tu piel, tu alma,
y la dejan pegada al suelo.
La calima que te remata,
darteando todas las tramas
que podrían salvarte el cuello.
En tu mano, fría y caliente,
siempre esperándote la llave,
sólida pese a la corriente.
En tu mano, fuerte y segura,
a la vista, siempre presente,
e invisible, su sombra muda
¡ay, cuando más se la requiere!

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Pablo Fernández de Salas

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