Más allá de los cristales

Las nubes pasan lentamente al otro lado de la ventana, entristeciendo el color de los árboles, pero alegrando sus esperanzas. Vistos desde un sexto piso, los troncos desnudos y los apagados pinos parecen simular a las nubes. Parches de algodón, ribetes de madera, brochazos cenicientos y ovillos de apretada clorofila. Al fondo algún tejado, y enfrente las mismas ventanas en el bloque que delimita el otro extremo del parque. Y mis ojos justo en medio de los dos horizontes: el que representa un pasado gris y augura un futuro turbulento, y el que muestra un presente alicaído tras el invierno.

Más allá de los cristales

Más allá de los cristales
que protegen el balcón
flotan rizos y retales
en un lienzo sin color.
Son augurios,
llantos que vendrán al mundo,
lágrimas que tus sentidos
acogerán cuando caigan
como mis ojos ya han visto
en un posible mañana.

Más allá de los cristales
hay espumas y algodones,
algunos verde plomizo
enganchados en bordones
de desnudos invernales.
Sus agujas
buscan el mar de presagios,
esperando,
deseando que se hunda.

Más allá de los cristales
imagino tu apatía,
tal vez copia de la mía,
paseando en los canales
que entre los troncos se abren
y desde abajo me espían.
El futuro,
un plano fino, delgado,
separando con su mano
los dos mundos:
un ahora
sobre el que trotan mis ojos,
de cemento, aguja y tronco,
y un pasado
bajo el que temo alcanzar
su callada voluntad.

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Pablo Fernández de Salas

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