Un día de primavera con aires de verano. La ruptura de las rocas que las aguas entierran. La fractura del mar que las islas salpican. La sutura del alma que la orilla provoca. Azul en el cielo, las dunas que lo espejan, los ojos que las miran. Gris en las venas cinceladas de las nubes, las pecas enmohecidas de las piedras, los brillos saturados en las olas. Y esa presencia invisible, ese tic tac sin principio ni final, esa calma que entrevera los momentos, da la vida y define el tiempo. Un tiempo para dejarlo pasar, sin preguntas, sin respuestas, sin perturbar el fluir de los pensamientos.
Nynäshamn
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Pablo Fernández de Salas