Al olor del café se despiertan mis ojos, entumecidos como el recuerdo de una mañana de nieve que, sin razón que me preocupe entender, lleva arrastrándose entre los pensamientos a medio dormir desde que la marea del descanso comenzara a retirarse. El recuerdo de una mañana sin prisas ni pausas. Sin momento, pero también sin calma. Como la melaza.
Como la melaza
Densa la sangre entre la sopa y la nieve.
Densa la sangre entre la sopa y la
nieve.
Tensos, fríos y astillados los raíles.
Sin horario los horarios de mis trenes.
Pensativos los pensamientos que pasan.
Como la melaza.
Acechando los años en la despensa.
Acosando los acosos laborales.
Arruinando las ruinas que me reniegan.
Apretando las prietas dudas del alma.
Como la melaza.
Como la melaza en el tiempo y sus garras.
Como la melaza en el tiempo y sus
garras.
Como la melaza entre el plano y la llana.
Como la melaza entre el plano y la
llana.
Como la melaza sin cauce y sin cancha.
Como la melaza dejada a sus anchas.
Como la melaza.
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Pablo Fernández de Salas