El arte sirve para expresar la realidad que llevamos dentro, el mundo que nos rodea tal y como nosotros lo percibimos. Gracias al arte podemos acercarnos al corazón de las personas, lo entendamos o no, lo juzguemos como lo juzguemos. Asimismo, el arte también nos ofrece, a cada uno de nosotros, la oportunidad de explorar quienes somos, y no solo a través del arte que otros han concebido, sino principalmente a través del arte que nosotros mismos generamos.
El arte puede crearse de múltiples maneras: a través de la escritura, la música, la pintura, la arquitectura… Existen formas de expresión que la mayoría de nosotros asociamos fácilmente con el arte, pero eso no significa que el arte se limite a esas formas más conocidas. El arte puede existir en cualquier actividad que se haga, siempre que la llevemos a cabo vertiendo un poco de esa sustancia que nos hace únicos. Puede haber arte al caminar, al hablar, en la forma de vestir, o incluso a la hora de desempeñar nuestro trabajo. Todos llevamos un artista dentro, y ninguno se expresa de la misma manera. Todos cobijamos a una parte de nosotros que, de un modo u otro, conoce los hilos más íntimos que nos definen y los utiliza para tejer arte a nuestro alrededor.
Teje, teje
Teje, teje con tus manos
las hebras de sol dorado.
Teje un futuro radiante
que no haga pie en el pasado.
Teje, teje con tus manos.
Las agujas, su «tic tac»,
dos batutas sin compás.
Teje, teje con tus dedos
las estrellas de tu cielo.
Teje una luna durmiente
y en la mañana un lucero.
Teje, teje con tus dedos.
Dos varillas en un vals,
dos palabras sin rimar.
Teje, teje como sabes
desde tu cuarto a la calle.
Teje como te apetezca:
tu piel, tus hilos, tu traje.
¡Teje, teje como sabes!
Las mareas de tu mar.
Tu fragua para explorar.
![]()
![]()
Pablo Fernández de Salas